Viaje alucinante
Viaje alucinante El agente Charles Grant, que lo rescató con vida, es reclutado a la fuerza para la operación. No es médico. No es cientÃfico. Pero sà el único con la suficiente sangre frÃa para detectar y neutralizar una amenaza si se da desde dentro. La misión no solo es peligrosa. PodrÃa estar comprometida desde el inicio.
—¿Por qué yo? —reclama Grant mientras una escolta lo arrastra a una instalación secreta subterránea. —Porque alguien en el equipo quiere que Benes muera —responde Gonder, jefe de seguridad.
El equipo quirúrgico se arma a toda velocidad: Duval, un neurocirujano arrogante con precisión quirúrgica inhumana; Cora Peterson, su asistente y experta técnica; Michaels, fisiólogo, encargado de guiarlos; y el propio Grant como guardaespaldas encubierto.
Mientras Benes yace inconsciente en una cámara hermética, la presión se acumula. La tecnologÃa es experimental. El tiempo es su enemigo. Y el traidor, un misterio encerrado en una cápsula que aún no ha encogido.
—Estamos cruzando una lÃnea —susurra uno de los técnicos—. Nunca antes se ha hecho esto. Ni una vez.
Grant mira el micromundo que están a punto de habitar. En menos de una hora, será un océano de células, venas como túneles, glóbulos como esferas gigantescas y peligros que no entienden de ciencia ni de razón.
