Viaje alucinante
Viaje alucinante La misión aún no ha comenzado. Y ya sienten que están atrapados. No en el cuerpo de Benes, sino en una carrera contra la traición, la biologÃa... y el tiempo.
En la cámara sellada de la FDMC, el equipo se prepara para cruzar la frontera entre lo posible y lo inimaginable. Frente a ellos, el Proteus: un submarino microscópico diseñado para navegar la corriente sanguÃnea de un ser humano. Compacto, brillante, silencioso. Un ataúd de titanio y precisión. Dentro de él, cinco pasajeros con una sola misión: destruir el coágulo cerebral sin despertar el sistema inmune del paciente... ni morir en el intento.
—Miniaturización en marcha —anuncia una voz metálica mientras el Proteus se sumerge en una luz cegadora.
El mundo se comprime, literalmente. Sus cuerpos, su nave, sus pensamientos... reducidos al tamaño de una célula. Todo en sesenta segundos. Cuando despiertan, ya no están en el laboratorio. Flotan dentro de una jeringa, rodeados por las paredes transparentes de una aguja hipodérmica. Al otro lado, un universo viscoso los espera: el cuerpo de Benes.
—¿Listos? —pregunta Michaels desde su consola—. A partir de aquÃ, todo lo que creÃan saber ya no les servirá.
