Viaje alucinante
Viaje alucinante La aguja penetra la arteria femoral. Una corriente violenta los succiona hacia el abismo del sistema circulatorio. Cada latido es un terremoto. Cada bifurcación, una encrucijada. Grant observa a sus compañeros: Duval, impaciente y obsesivo; Cora, serena pero tensa; Michaels, enloquecido por los datos; y el piloto, Owens, concentrado en mantenerlos vivos.
Las primeras turbulencias los golpean como tormentas. La nave se sacude al atravesar válvulas y ramificaciones. El mapa del cuerpo humano, tan claro en los laboratorios, ahora es una trampa tridimensional.
—Tenemos cuarenta y cinco minutos antes de que el efecto miniaturizador comience a revertirse —advierte Michaels.
La ruta debÃa ser sencilla: subir desde la pierna, navegar hasta el corazón, tomar el desvÃo hacia el cerebro y destruir el coágulo con el láser. Pero pronto descubren que no será asÃ. Una mala interpretación los empuja hacia los pulmones. El oxÃgeno empieza a escasear.
—Nos desviamos —anuncia Owens, sudando—. Estamos perdiendo tiempo.
—Es un sabotaje —susurra Grant.
