Viaje alucinante
Viaje alucinante Pero no lo dice en voz alta. No todavÃa. Porque para demostrarlo, tendrá que sobrevivir a un cuerpo humano convertido en campo de batalla. Y a un enemigo invisible que puede matarlos antes de que lleguen siquiera al cerebro.
El Proteus emerge en los pulmones, atrapado en un laberinto de alveolos que lo rodean como cavernas húmedas. La desviación no es un error: es una sentencia de muerte. Las paredes se contraen con cada respiración, y el oxÃgeno que deberÃan recolectar apenas alcanza para mantener los sistemas vitales.
—Debemos salir de aquà —gruñe Duval—. O este submarino será nuestro ataúd.
Michaels calcula una nueva ruta, pero Grant lo observa con creciente sospecha. Demasiadas fallas. Demasiadas casualidades. Si alguien dentro del equipo está saboteando la misión, ese alguien está ganando.
La corriente los arrastra al corazón. Un titán de músculo y ritmo. Deben cruzarlo sin ser destruidos por las válvulas que se cierran como portones colosales. Owens maniobra con precisión quirúrgica, pero cada contracción amenaza con pulverizarlos.
—Aguanten... ¡Ahora! —grita mientras el Proteus se desliza entre las paredes cardÃacas que se cierran como fauces.
