Viaje alucinante
Viaje alucinante Lo logran. Pero apenas. Un impacto deja inoperativo el sistema de navegación automático. Ahora deberán depender de maniobras manuales. Cada minuto perdido les roba segundos de vida.
Grant confronta a Michaels en privado.
—¿Qué está pasando aqu� ¿Quién nos desvió? —pregunta, directo.
—¿Insinúas que yo...? —replica Michaels, con una sonrisa tensa—. Si yo quisiera sabotear esto, ya estarÃas muerto.
Pero la tensión no se disipa. En el silencio de la nave, cada mirada es una amenaza velada. Cora intenta mantener la paz, pero sus ojos delatan que también sospecha.
La nueva ruta los lleva al oÃdo interno, donde deben atravesar el lÃquido perilinfático sin activar las células sensoriales. Un movimiento en falso y Benes sufrirá daños irreversibles.
—Esto es una locura —murmura Cora—. Un solo error y quedará sordo. O peor.
Grant asiente. Porque lo sabe. No están explorando un cuerpo humano. Están navegando por un campo minado, donde cada arteria puede ser una trampa y cada célula, una emboscada. Y lo peor está por venir.