MarÃa
MarÃa —Nosotros no debemos pasar desde ahora por valetudinarios; regresemos acompañados.
Dicho esto tomó la mano de MarÃa para ponerla en su brazo, dejando al señor de M… llevar a mi madre y a Emma.
—Han estado más galantes que nosotros —dije a Carlos señalándole a mi padre y al suyo.
Y los seguimos, llevando yo en los brazos a Juan, quien abriendo los suyos se me habÃa presentado diciéndome:
—Que me alces, porque hay espinas y estoy cansado.
Refirióme después MarÃa que mi padre le habÃa preguntado, cuando empezaban a vencer las cuestecillas de la vega, qué le habÃa dicho Carlos; y como insistiese afablemente en que le contara, porque ella guardaba silencio, se resolvió al fin, animada asÃ, a decirle lo que le habÃa respondido a Carlos.
—¿Es decir, —le preguntó mi padre casi riendo, oÃda la trabajosa relación que ella acababa de hacerle— es decir, que no quieres casarte nunca?
Respondióle meneando la cabeza en señal de negativa, sin atreverse a verlo.
—Hija, ¿sà tendrás ya visto algún novio? —continuó mi padre—: ¿no dices que no?
—Sà digo —contestóle MarÃa muy asustada.