MarÃa
MarÃa —¿Será mejor que ese buen mozo que has desdeñado? —Y al decirle esto, mi padre le pasó la mano derecha por la frente para conseguir que lo mirase—. ¿Crees que eres muy linda?
—¿Yo?, no señor.
—Sà y te lo habrá dicho alguno muchas veces. Cuéntame cómo es ese afortunado.
MarÃa temblaba sin atreverse a responder una palabra más, cuando mi padre continuó diciéndole:
—El te acabará de merecer; tú querrás que sea un hombre de provecho… Vamos, confiésamelo, ¿no te ha dicho que me lo han contado todo?
—Pero si no hay qué contar.
—¿Conque tienes secretos para tu papá? —le dijo mirándola cariñosamente y en tono de queja; lo cual animó a MarÃa a responderle:
—¿Pues no dice usted que se lo han contado todo?
Mi padre guardó silencio por un rato. ParecÃa que lo apesaraba algún recuerdo. SubÃan las gradas del corredor del huerto cuando ella le oyó decir:
—¡Pobre Salomón!
Y pasaba al mismo tiempo una de sus manos por la cabellera de la hija de su amigo.