MarÃa
MarÃa —A esa hora habremos concluido. Hasta mañana. Respondió a mi despedida con las mismas palabras; pero admirándose de que me quedase con el pañuelo que ella tenÃa en la mano que me dio a estrechar. MarÃa no comprendÃa que ese pañuelo perfumado era un tesoro para una de mis noches. Después se negó casi siempre a concederme tal bien, hasta que vinieron los dÃas en que se mezclaron tantas veces nuestras lágrimas.