MarÃa
MarÃa —No, MarÃa, ni él te estima menos que antes por lo que has hecho.
—Si te quiere de veras, asà debe ser. ¿Y sabes por qué ha pasado todo asà con ese señor?
—¿Por qué?
—¡Pero cuidado con reÃrte!
—No me reiré.
—Pero si ya estás riéndote.
—No es de lo que vas a decirme sino de lo que ya has dicho; di MarÃa.
—Ha sido porque yo le he rezado mucho a la Virgen para que hiciera suceder todo asÃ, desde ayer que mamá me habló.
—¿Y si la Virgen no te hubiera concedido lo que le pedÃas?
—Eso era imposible: siempre me concede lo que le pido, y como esta vez yo le rogaba tanto, estaba segura de que me oirÃa. Mamá se va —agregó— y Emma se está durmiendo. Ya ¿no?
—¿Quieres irte?
—¿Y qué voy a hacer?… ¿Mucho escribirán mañana también?
—Parece que sÃ.
—¿Y cuando Tránsito venga?
—¿A qué horas viene?
—Mandó decir que a las doce.