MarÃa
MarÃa —No, no; es por no disgustar a mi padre; es tan justo que yo manifieste deseo de ayudarle en sus trabajos y que le ayude.
—Cierto: asà debe ser; y yo procuraré también manifestar que no estoy triste para que mamá y Emma no se resientan conmigo.
—Piénsame mucho —le dije besando el pelo de su madre y la mano con que lo acomodaba.
—¡Ah!, ¡mucho, mucho! —respondió mirándome con aquella ternura e inocencia que tan bien sabÃan hermanarse en sus ojos.
Nos separamos para llegar al comedor por diferentes entradas.