MarÃa
MarÃa El primer grito de Gregorio al llegar a la playa alarmó a todo el destacamento: dos guardas más con caras de mal dormidos, y armados de carabinas como el que aguardaba agazapado bajo las malezas, llegaron a tiempo de libación y despedida. La enorme chamberga de Lorenzo tenÃa para todos, a lo cual se agregaba que debÃa estar deseosa de habérselas con otros menos desdeñosos que sus amos.
HabÃa cesado la lluvia y empezaba a amanecer, cuando después de las despedidas y cuchufletas picantes sazonadas con risotadas y algo más, que se cruzaban entre mis bogas y los guardas, continuamos viaje.