MarÃa
MarÃa —Que si se levanta se impacientará el doctor, porque le hará a usted mal.
—¿Qué doctor?
—Pues el médico que ha venido a verlo, porque usted está enfermo.
—Yo estoy bueno, ¿oyes? ¡Bueno!, y quiero levantarme. ¿Ese niño dónde está, que no aparece?
—Es necesario que yo llame a Mayn, dije al oÃdo a MarÃa.
—No, no —me contestó, deteniéndome de una mano y ocultándole con su cuerpo aquel ademán a mi padre.
—Pero si es indispensable.
—Es que no debes dejarnos solas. Dile a Emma que vaya a despertar a Luisa para que lo llame.
Lo hice asÃ, y Emma salió.