María
María No se le ocultaba a él la causa de aquella turbación. Siguiendo a María con la mirada mientras ella se dirigía apresuradamente al comedor, y fijándola después en mi madre, le hizo esta pregunta que sus labios no tenían necesidad de pronunciar:
—¿Ves esto?
Todos quedamos en silencio; y a poco salí yo con pretexto de llevar al escritorio los útiles que había traído.