MarÃa
MarÃa —Usted no sabe… Pero yo no tengo ya nada. Vámonos de aquà —añadió llamándome con la mirada, ya más serena. La campanilla del comedor sonó y nos dirigÃamos allá cuando MarÃa se acercó a mi madre para decirle:
—No le vaya a contar mi susto a papá, porque se reirá de mÃ.