MarÃa
MarÃa —Sufrir mucho. Nunca creà que se afligirÃan tanto con mi despedida, ni que me causara tanto pesar decirles adiós, particularmente a Braulio y a las muchachas.
—¿Qué te dijeron ellas?
—¡Pobres! Nada, porque las ahogaban sus lágrimas: demasiado decÃan las que no pudieron ocultarme… Pero no te pongas triste. He hecho mal en hablarte de esto. Que al recordar yo las últimas horas que pasemos juntos, te pueda ver como hoy, resignada, casi feliz.
—Sà —dijo volviéndose para enjugarse los ojos—; yo quiero estar asÃ… ¡Mañana, ya solamente mañana!… Pero como es domingo, estaremos todo el dÃa juntos: leeremos algo de lo que nos leÃas cuando estabas recién venido; y debieras decirme cómo te agrada más verme, para vestirme de ese modo.
—Como estás en este momento.
—Bueno. Ya vienen a llamarte a comer… Ahora, hasta la tarde —agregó desapareciendo.
Asà solÃa despedirse de mÃ, aunque en seguida hubiésemos de estar juntos, porque lo mismo que a mÃ, le parecÃa que estando rodeados de la familia, nos hallábamos separados el uno del otro.