MarÃa
MarÃa —Temblando estaba de que me le hicieras gesto porque es lo mejor que he podido conseguir para que tomes en el rÃo.
La jovialidad del Administrador no flaqueó un instante durante dos horas. A las nueve permitió que me retirase, prometiéndome estar en pie a las cuatro de la mañana para acompañarme al embarcadero. A darme las buenas noches, agregó:
—Espero que no te quejarás mañana de las ratas como la otra vez: una mala noche que te hicieron pasar les ha costado carÃsimo: les he hecho desde entonces guerra a muerte.