MarÃa
MarÃa —Seguramente que sÃ: a sesenta varas de distancia no bajará una lÃnea.
—¿A sesenta varas se hacen esos tiros?
—Es peligroso contar con todo el alcance del arma en tales casos; a cuarenta varas es ya un tiro largo.
—¿Qué tan lejos estabas cuando disparaste sobre el tigre?
—A treinta pasos.
—Hombre, yo necesito hacer algo bueno en la cacerÃa que tendremos, porque de otro modo dejaré enmohecer esta escopeta y juraré no haber cazado ni tominejas en toda mi vida.
—¡Oh! ya verás: te haré lucir, porque haré entrar el venado al huerto.
Carlos me hizo mil preguntas sobre sus condiscÃpulos, vecinas y amigas de Bogotá: entraron por mucho los recuerdos de nuestra vida estudiantil: hablóme de Emigdio y de sus nuevas relaciones con él, y se rió de buena gana acordándose del cómico desenlace de los amores de nuestro amigo con Micaelina.