La isla bajo el mar
La isla bajo el mar La plantación de caña de azúcar era un campo de batalla diario. Los esclavos, exhaustos y maltratados, eran vigilados constantemente por los capataces, hombres crueles que mantenían el control mediante el miedo y la violencia. El más temido de todos era Prosper Cambray, el jefe de capataces, cuyo nombre infundía terror entre los trabajadores. Con su látigo en la mano y sus ojos fríos, Cambray no dudaba en castigar a cualquiera que mostrara signos de resistencia. A pesar de su corta edad, Zarité aprendió rápidamente a no atraer la atención de Cambray. Sabía que la supervivencia en la plantación dependía de la invisibilidad: hacer lo que se le pedía, sin preguntas, sin miradas desafiantes. Así fue como se forjó su resistencia, una fuerza silenciosa que la mantendría en pie en los años venideros.
