GOG
GOG Stare no respondió. No podÃa. La respuesta era demasiado grande, demasiado aterradora.
Si el impacto era inevitable, si no habÃa escape… entonces no habÃa razón para alertar al mundo.
No puedes salvar a siete mil millones de personas de un apocalipsis.
Pero puedes evitar el pánico hasta el último momento.
—Dime que hay un margen de error —susurró Yuri.
Stare movió los cálculos en la pantalla, introdujo variables, ajustó probabilidades. Se agarró de cada número como un náufrago a una tabla en el océano. Pero los resultados seguÃan ahÃ, frÃos e inamovibles.
—No hay error. Gog está viniendo.
El silencio las envolvió. Afuera, las estrellas brillaban en el firmamento como si nada estuviera pasando, como si el universo no estuviera enviando su sentencia de muerte a la Tierra.
Yuri se dejó caer en la silla con las manos temblorosas.
—¿Cuánto tiempo tenemos exactamente?
Stare verificó los cálculos una vez más.
—Un año, once meses, catorce dÃas.
Yuri soltó una risa breve, hueca.
—Dos años.
—Menos.