Harry Potter y la piedra filosofal
Harry Potter y la piedra filosofal —Veo... veo la piedra... pero no sé cómo alcanzarla —dijo, golpeando el espejo con frustración.
Harry, aprovechando el momento, miró el espejo también. Para su sorpresa, en su reflejo vio algo increÃble: él mismo sosteniendo la Piedra Filosofal. Sintió un peso cálido en su bolsillo. La piedra estaba allÃ, de alguna manera.
Voldemort se dio cuenta.
—¡Miente! ¡Tiene la piedra! ¡Deténlo! —chilló con furia.
Quirrell se lanzó hacia Harry, pero algo extraño sucedió. Cuando lo tocó, gritó de dolor. Su piel comenzó a quemarse donde habÃa rozado al chico. Quirrell retrocedió, sosteniendo sus manos quemadas, pero Voldemort lo instó a seguir.
—¡Mátalo, inútil! —ordenó Voldemort.
Harry, sin saber qué hacer, se arrojó contra Quirrell. Las manos del profesor tocaron su cuello, pero dondequiera que lo tocaba, su piel se ennegrecÃa y se desmoronaba como ceniza. Los gritos de Quirrell llenaron la habitación, y Harry sintió un dolor insoportable en su cabeza, como si la cicatriz en su frente estuviera ardiendo. Todo se volvió borroso mientras un último grito resonaba en sus oÃdos. Luego, todo se oscureció.