Confianza rota
Confianza rota A pesar del tono ligero, la despedida dejó un eco en el pecho de Lisa. Habían vuelto a Inglaterra después de semanas de luna de miel en el Mediterráneo, y la realidad parecía golpearla con una fuerza inesperada. Las responsabilidades la aguardaban: dirigir Cristales de Diseño Lawson, la empresa que heredó de su madre fallecida. Aun así, algo en Alex se sentía distante, como una sombra entre ellos.
El día transcurrió entre reuniones y números, pero cuando cayó la noche, el vacío volvió a pesar. Lisa intentó llenar las horas llamando a Alex, pero sus respuestas eran cortas, mecánicas. La sospecha, esa serpiente silenciosa, se deslizó en su mente. ¿Por qué él siempre evitaba hablar de ciertos temas? ¿Por qué parecía haber barreras invisibles en su relación?
En la madrugada, mientras revisaba documentos en su despacho, su padrastro Harold irrumpió con preocupación. —Lisa, ¿todo bien? Pareces… lejos. —Es solo el trabajo —respondió, forzando una sonrisa. Pero Harold la miró con la sabiduría de quien sabe más de lo que dice.
Esa noche, mientras intentaba dormir, recordó cómo había conocido a Alex en un hotel. Su atracción fue instantánea, un magnetismo que parecía destinado a desafiar cualquier lógica. Sin embargo, ese recuerdo perfecto ahora parecía teñirse de algo inquietante.
