Confianza rota
Confianza rota —Tal vez estoy exagerando —se dijo a sí misma, mirando el techo oscuro. Pero dentro de ella, los ecos de un sueño comenzaban a quebrarse.
Lisa se despertó en medio de la noche, con el pecho apretado y una sensación punzante en el estómago. Alex no estaba en la cama. Miró el reloj: pasaban las tres de la madrugada. El silencio en la casa era espeso, como si ocultara secretos que ella no podía alcanzar.
Bajó las escaleras, descalza, y lo encontró en la sala, hablando en voz baja por teléfono. Al verla, Alex colgó bruscamente. —¿Qué haces despierta? —preguntó, su tono afilado como una cuchilla. —Podría preguntarte lo mismo. —Intentó mantener la calma, pero la pregunta salió cargada de tensión.
Él la miró, evaluándola como si ella fuera un rompecabezas difícil de resolver. —Negocios. Nada importante. —Alex sonrió, esa sonrisa que siempre lograba desarmarla. Pero esta vez, Lisa sintió que algo estaba fuera de lugar.
Durante el desayuno, las dudas seguían acosándola. Alex se despidió apresurado, dejando un beso vacío sobre su frente. Lisa observó cómo se alejaba en su auto, su figura perfecta desapareciendo como un espejismo. Luego, en un impulso, decidió seguirlo.
