De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito Del mismo modo que el niño sufrió la verdadera naturaleza del fuego a causa de su propia ignorancia, los mayores sufren, a causa de su propia ignorancia, la verdadera naturaleza de las cosas que tanto anhelan y luchan por obtener. Y esas mismas cosas son las que los dañan cuando ya las han obtenido. La única diferencia en este último caso es que la ignorancia y la maldad están más profundamente enraizadas y ocultas.
El símbolo del Mal siempre ha sido la oscuridad, y el del Bien, la luz. Dentro de estos símbolos se encuentra la interpretación perfecta, es decir, la realidad. Porque, del mismo modo que la luz siempre inunda el universo y la oscuridad es una simple mancha, una sombra proyectada por un pequeño cuerpo que intercepta unos cuantos rayos de luz infinita, la Luz del Bien Supremo es el poder positivo y dador de vida que inunda el universo, mientras que el mal no es más que una insignificante sombra proyectada por el ego que intercepta e impide la entrada de los rayos luminosos.
Cuando la noche cubre el mundo con su impenetrable manto negro, por muy densa que sea la oscuridad, sólo cubre un pequeño espacio de la mitad de nuestro diminuto planeta. Mientras tanto, el resto del universo brilla con luz vital y todas las almas saben que se despertarán con la luz de una nueva mañana.