De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito Selecciona un momento del día para meditar y haz que ese espacio sea sagrado para este propósito. El mejor momento es por la mañana muy temprano, que es cuando el espíritu de reposo se encuentra por encima de todo lo demás. Todas las condiciones naturales actuarán entonces a tu favor; las pasiones estarán sometidas después del largo ayuno corporal de la noche. Las emociones y preocupaciones del día anterior se habrán desvanecido y la mente, vigorosa y sin embargo descansada, será receptiva a la enseñanza espiritual. De hecho, uno de los primeros esfuerzos que se te pedirá hacer será sacudirte el letargo y la indulgencia y, si te niegas, no podrás avanzar, ya que las exigencias del espíritu son imperativas.
Estar despierto en el ámbito espiritual significa también estar despierto en el ámbito mental y físico. El perezoso y el autoindulgente no pueden conocer la Verdad. Aquel que tiene salud y fuerza y desperdicia las tranquilas y preciosas horas de la silenciosa mañana en una somnolienta indulgencia, es incapaz de escalar a las alturas celestiales.