De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito Aquel que vive inmerso en el ego piensa que sus propios puntos de vista son la Verdad, y que las opiniones de los demás están equivocadas. Pero el humilde amante de la Verdad, que ha aprendido a distinguir entre ésta y la opinión, contempla a todas las personas con una mirada de caridad. No busca anteponer sus criterios a los de nadie, sino que sacrifica aquellas ideas que más le agradan, para poder manifestar el espÃritu de la Verdad, ya que, en su propia naturaleza, la Verdad es inefable y sólo puede vivirse. Aquel que tiene más caridad, obtiene más Verdad.
Los hombres se involucran en apasionadas controversias e imaginan con necedad que defienden la Verdad, cuando en realidad sólo están defendiendo sus propios mezquinos intereses y sus efÃmeras opiniones. Quien es adepto al ego, toma las armas en contra de los demás. Quien busca la Verdad toma las armas en contra de sà mismo. La Verdad, al ser inmutable y eterna, no depende de tu opinión ni de la mÃa. Podemos entrar en ella o podemos permanecer fuera; pero tanto nuestra defensa como nuestro ataque son superfluos y se proyectan sobre nosotros mismos.