De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito El mundo, el cuerpo y la personalidad son espejismos en el desierto del tiempo; sueños transitorios en la oscura noche de la quimera espiritual. Aquellos que han cruzado el desierto, aquellos que están despiertos en el ámbito espiritual son los únicos que han comprendido la Realidad Universal, donde todas las apariencias se disipan y los sueños y las ilusiones se destruyen.
Existe una Gran Ley que exige obediencia incondicional, un principio unificador que es la base de toda diversidad, una Verdad eterna donde todos los problemas de la tierra se desvanecen como sombras. Comprender esta Ley, esta Unidad y esta Verdad significa entrar en el Infinito y convertirse en uno con lo Eterno.
Si centramos nuestra vida en la Gran Ley del Amor, entraremos en la armonía, en la quietud y en la paz. Si nos abstenemos de toda participación en el mal y en la discordia, si evitamos toda debilidad y omisión de aquello que es bueno y retornamos a la inquebrantable obediencia y a la sublime calma interior, entraremos en la esencia más íntima de las cosas, alcanzaremos una experiencia viva y consciente del principio eterno e infinito que permanece como un misterio oculto para el intelecto meramente perceptivo. Hasta que no hayamos comprendido este principio, el alma no podrá estar en paz, y quien lo comprenda es a decir verdad un sabio; no con la sabiduría del erudito, sino con la simplicidad de un corazón intachable y de una divina madurez.