De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito El hombre que ha renunciado al ego, que ha renunciado a esa personalidad que tanto aman algunos y a la que tantos se aferran con fiera tenacidad, ha dejado tras de sí toda perplejidad y ha entrado en una simplicidad tan profunda que el mundo, inmerso en una gran red de errores, considera una tontería. Sin embargo, ese hombre ha obtenido la sabiduría más elevada y se encuentra descansando en el Infinito. Él «logra lo que se propone sin esforzarse», y todos los problemas se desvanecen ante él, ya que ha entrado en la región de la realidad y maneja, no efectos cambiantes, sino los principios inmutables de las cosas. Está iluminado con una sabiduría que es tan superior al raciocinio como la razón lo es a la animalidad. Al haber renunciado a sus deseos carnales, a sus errores, opiniones y prejuicios, ha entrado en posesión del conocimiento de Dios, ha logrado que desaparezca el deseo egoísta del cielo y, junto con él, el temor ignorante del infierno. Y al haber incluso rechazado el amor por la vida misma, ha ganado la dicha suprema y la Vida Eterna, la Vida que une la vida con la muerte, y ha llegado a conocer su propia inmortalidad. Como ha renunciado a todo sin reservas, lo ha logrado todo y descansa en paz en el regazo de lo Infinito.