De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito El que recorre este sagrado camino empieza por refrenar sus pasiones. Al hacerlo, practica la virtud y ésta es el comienzo de la gracia. A su vez, la gracia es el comienzo de la santidad. El hombre que es mundano en todos los aspectos satisface todos sus deseos y únicamente lo restringe la ley del lugar donde vive. El virtuoso domina sus pasiones; el santo ataca al enemigo de la Verdad en la fortaleza que se encuentra dentro de su corazón y reprime todos los pensamientos impuros y egoístas porque se ha liberado de la pasión. El hombre santo es aquel para quien la bondad y la pureza son algo tan natural como el perfume y el color lo son para una flor. Es un ser divinamente sabio. Solamente él conoce la Verdad en toda su plenitud y ha conseguido una paz y un descanso perdurables. Para el santo, el mal ha terminado: ha desaparecido en la luz universal de Todo lo Bueno. La santidad es la insignia de la sabiduría. Dijo Krishna al Príncipe Arjuna:
«La humildad, la veracidad y la no violencia, la tolerancia, la sencillez y la veneración a los sabios, la pureza, la constancia, el autocontrol, renunciar al goce de los sentidos, el autosacrificio, la percepción de la certeza de lo negativo en el nacimiento, la muerte, la vejez, la enfermedad, el sufrimiento y el pecado. Un corazón siempre tranquilo en lo bueno y lo malo de la fortuna…