De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito El odio trunca vidas humanas, fomenta la persecución y enfrenta a naciones en guerras atroces. Sin embargo, aunque no entienden el porqué, los hombres conservan de algún modo la fe en el prodigio de un Amor Perfecto. Alcanzar este Amor y vivir en él a conciencia significa tener paz.
Es en esta paz interior, en este silencio, en esa armonía, en este Amor, donde se encuentra el Reino de los Cielos, que es tan difícil de alcanzar porque son pocos los que están dispuestos a renunciar a sí mismos y a convertirse en niños pequeños.
La puerta del cielo es muy estrecha y diminuta, los hombres necios no pueden percibirla cuando están cegados por las vanas ilusiones del mundo. Incluso los astutos que distinguen el camino y tratan de entrar, encuentran el acceso bloqueado y difícil de franquear. Sus gigantescos cerrojos son el orgullo y la pasión, la avaricia y la lujuria.
Los seres humanos imploran la paz en un lugar donde no la hay; en un lugar donde, por el contrario, sólo hay discordia, inquietud y lucha. Sólo en la Sabiduría, inseparable de la renuncia a uno mismo, puede haber una paz real y duradera.