De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito Durante un tiempo, abandona las cosas externas, los placeres de los sentidos, los argumentos del intelecto, el ruido y las emociones del mundo y retráete en la cámara más recóndita de tu corazón. Ahí, liberado de la intromisión sacrílega de todos los deseos egoístas, encontrarás un profundo silencio, una santa calma y un dichoso sosiego. Si descansas por un momento en ese sagrado lugar y te dedicas a la meditación, el ojo infalible de la Verdad se abrirá dentro de ti y podrás ver las cosas tal y como son. Este lugar sagrado que se encuentra en tu interior es tu verdadero y eterno yo, es lo divino que llevas dentro; y sólo si te has identificado con él, podrá decirse de ti que estás «vestido y en tu juicio». Es la morada de la paz, el templo de la sabiduría, el aposento de la inmortalidad. Lejos de este lugar de descanso interior, de este Monte de Visión, no puede existir la paz verdadera ni el conocimiento de lo Divino. Si puedes permanecer ahí durante un minuto, una hora o un día, es posible que te quedes para siempre. Eres dueño de todos tus pecados, sufrimientos, temores y titubeos; eres el único que puede elegir entre aferrarse o renunciar a ellos. Tanto si te aferras al descontento como si alcanzas la paz inalterable, será tu decisión. Nadie más puede renunciar a tus pecados; debes hacerlo tú mismo. Lo único que puede hacer el mejor de los maestros es recorrer el Camino de la Verdad y señalártelo. Deberás transitarlo solo. Puedes obtener la libertad y la paz con tu propio esfuerzo si renuncias a todo lo que encarcela al alma y destruye la paz.