De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito No existe protección que se pueda comparar con la bondad, y al decir «bondad» no me refiero a una mera conformidad exterior con las reglas de moralidad, sino a los pensamientos puros, a las nobles aspiraciones, al amor desinteresado y al total desprendimiento de la vanidad.
Para que en nuestra mente habiten de manera continua los buenos pensamientos, tenemos que internarnos en una atmósfera psíquica de cordialidad y de poder para que ésta deje su huella en todas las cosas y en todas las personas con las que tengamos contacto.
Al igual que el sol naciente hace huir a las débiles sombras, las fuerzas impotentes del mal huyen con los penetrantes rayos del pensamiento positivo que brillan en los corazones que se han fortalecido gracias a la pureza y a la fe.
Donde hay una gran fe y una pureza incorruptible, siempre hay salud, éxito y poder. Por tanto, la enfermedad, el fracaso y el desastre no pueden tener lugar, porque no tienen de qué alimentarse.
Incluso las enfermedades físicas se manifiestan de acuerdo a los estados mentales. En la actualidad, el mundo científico ha empezado a reconocer esta gran verdad que se demuestra cada día más.