De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito Aspirar es esforzarse en destruir los obstáculos del deseo; es el hijo pródigo que, a través del sufrimiento y la sabiduría, regresa de nuevo a la casa de su padre.
Conforme te vayas apartando del despreciable egoísmo, romperás, una por una, las cadenas que te mantienen esclavizado. Poco a poco adquirirás una mejor comprensión de lo que supone la alegría de dar en comparación con la pena de recibir. Entrega tu esencia; entrega tu intelecto; entrega el amor y la luz que se encuentran en tu interior.
En ese momento, comprenderás que «es mucho más bendito aquel que da que el que recibe». Pero aquello que se da se debe dar con el corazón, sin deseos de recompensa. El regalo del amor puro siempre es recibido con una gran dicha. Si, después de haber ayudado a alguien, te sientes herido porque no te lo agradecen, o no te han elogiado ese gesto, o tu nombre no ha salido en los periódicos, deberías reflexionar y entender que todo lo hiciste por vanidad y no por amor; que lo único que pretendías era recibir algo a cambio, de manera que en realidad no querías dar, sino recibir.
Deshazte por el bienestar de los demás; olvídate de tus propios intereses; éste es el secreto de la felicidad abundante.