Shogun
Shogun —Era su deber —le dijo un samurái, como si eso bastara para explicarlo.
Pero el inglés no podÃa aceptarlo.
Japón le habÃa enseñado muchas cosas. A sobrevivir. A pelear. A leer las intenciones ocultas en cada mirada.
Pero no le habÃa enseñado cómo soportar la pérdida.
—Te quedarás aquÃ, Anjin-san —dijo Toranaga, contemplando el cielo—. Japón te pertenece ahora, tanto como tú le perteneces a él.
Blackthorne miró el puerto.
Los barcos portugueses seguÃan allÃ. La tentación de huir, de regresar a su mundo, era casi insoportable.
Pero ya no era el mismo hombre que habÃa naufragado en estas costas.
—¿Alguna vez me dejarás volver a casa? —preguntó.
Toranaga no respondió de inmediato.
—Tal vez. Algún dÃa.
Blackthorne entendió lo que significaba.
Nunca.
Porque él ya no tenÃa un hogar.
Europa era un recuerdo, un eco de una vida pasada.