Daisy Miller
Daisy Miller —Dice que le tienen sin cuidado. Es muy niño y prefiere quedarse en el hotel. Mamá teme dejarle solo y nuestro secretario tiene que quedarse con él en muchas ocasiones, pero será muy malo si no accede a ir —y la señorita Miller apuntó de nuevo al castillo de Chillon.
—Creo —observó Winterbourne— que todo se podrá arreglar. ¿No podrÃa usted disponer de alguien que acompañase a su hermano esta tarde?
La señorita Miller le miró un instante, y después, plácidamente, añadió:
—Mi gusto serÃa que pasase usted la tarde con él.
Winterbourne vaciló un momento antes de decirle:
—Pues a mà me agradarÃa mucho más ir con usted al castillo de Chillon.
—¿Conmigo? —preguntó Daisy con análoga placidez, sin levantarse ni sonrojarse siquiera, como hubiera hecho una señorita ginebrina.
Winterbourne, temiendo haber ido demasiado lejos y no queriendo ofender a la señorita Miller, añadió muy respetuosamente:
—Y con su mamá.
Pero ambos, audacia y respeto, se perdieron para la señorita Miller.