Daisy Miller
Daisy Miller —Esperemos, sin embargo, que le convenza —observó Winterbourne.
—Tratará de hacerlo por todos los medios, pero el niño no querrá escucharla, es asÃ. Cuando ella fracase enviará a Eugenio, pero Rodolfo no teme a Eugenio. Es un buen secretario, pero no tiene ninguna autoridad con mi hermano. No tengo esperanzas de que le duerman antes de las once.
ParecÃa que la vigilia de Rodolfo seguÃa triunfando, porque Winterbourne tuvo ocasión de dar repetidas vueltas con Daisy sin que reapareciese la madre.
—He estado pensando en la persona a quien me iba usted a presentar —dijo Daisy—. Es su tÃa, ¿verdad?
Después, cuando Winterbourne aceptó el hecho, y como expresase alguna curiosidad por la idea que Daisy pudiese tener sobre su tÃa, ésta continuó diciendo que habÃa oÃdo decir al gerente del hotel que la señora Castello era una persona muy digna y muy comme il faut, adornada con rizos blancos, que no hablaba con nadie, que no comÃa en el comedor del hotel y que cada dos dÃas padecÃa dolor de cabeza.