Daisy Miller
Daisy Miller —Te dije yo a ti —exclamó Rodolfo, imitando a su madre—, y se lo digo a usted, señor —añadió dando un golpe en la rodilla a Winterbourne alegremente—. ¡Es mucho más grande!
Daisy se habÃa enfrascado en una animada conversación con la señora de la casa. Winterbourne se creyó obligado a decir algunas palabras a la señora Miller:
—Me alegrarÃa saber que ha gozado usted de buena salud desde que nos vimos en Vevey.
La señora Miller volvió hacia él la mirada y respondió:
—No muy buena, caballero.
—Ha tenido dispepsia —dijo Rodolfo—. La tenemos porque la tuvo papá, que es lo peor.
Esta intromisión, lejos de molestar a la señora Miller, pareció que venÃa en su ayuda.