El Alumno
El Alumno Una vez, en Niza, a la caÃda de la tarde, mientras la pareja descansaba al aire libre tras haber dado un paseo, contemplando el mar bajo la luz rosácea del ocaso, Morgan le preguntó de pronto a su acompañante:
—¿Le gusta…, ya sabe, estar con todos nosotros de un modo tan Ãntimo?
—Mi querido muchacho, ¿y por qué habrÃa de quedarme si no fuera asÃ?
—¿Cómo sé que se va a quedar? Estoy casi seguro de que no se quedará mucho tiempo.
—Espero que no tengas la intención de despedirme —añadió Pemberton.
Morgan reflexionó un instante mientras contemplaba la puesta de sol.
—Creo que si obrara correctamente deberÃa hacerlo.
—Bueno, ya sé que mi obligación es instruirte en la virtud: pero en este caso no te comportes virtuosamente.
—Afortunadamente es usted muy joven —prosiguió Morgan, dirigiendo de nuevo la mirada hacia él.
—¡Si me comparo contigo, sÃ!
—Por tanto, no tendrá tanta importancia que pierda mucho tiempo.
—Asà es como hay que verlo —dijo Pemberton complacientemente.
