El Americano
El Americano —Me gusta hablar con ellos —contestó—; podemos hablar mucho más en serio con ellos que con las personas adultas. Hay muchas tonterÃas en lo que le he estado contando a Blanche, pero es mucho más serio que casi todo lo que decimos en sociedad.
—DesearÃa, entonces, que me hablase como si yo tuviese la edad de Blanche —dijo Newman entre risas—. ¿Estuvo contenta en el baile de la otra noche?
—¡Estaba en éxtasis!
—Ahora es usted quien dice las tonterÃas que decimos en sociedad —observó Newman—. No me lo creo.
—Si no estaba contenta, fue sólo por mi culpa. El baile fue muy bonito y todo el mundo estuvo muy amable.
—TenÃa usted mala conciencia —dijo Newman— por haber molestado a su madre y a su hermano.
Madame de Cintré le miró un instante sin responder.
—Es cierto —respondió al fin—. Me habÃa propuesto más de lo que podÃa llevar a cabo. Tengo muy poco valor; no soy ninguna heroÃna —dijo esto con cierto énfasis suave, pero a continuación, cambiando de tono, añadió—: Jamás podrÃa haber pasado los sufrimientos de la hermosa Florabella; ni siquiera en aras de su futura recompensa.