El Americano
El Americano La siguiente vez que Newman fue a la Rue de l’Université tuvo la buena fortuna de encontrar sola a madame de Cintré. Había venido con una intención inequívoca, y no tardó en llevarla a cabo. Ella, además, tenía una mirada que Newman interpretó con avidez como de expectación.
—Ya llevo seis meses viniendo a verla —dijo—, y no le he vuelto a hablar ni una sola vez de matrimonio. Eso es lo que me pidió; la obedecí. ¿Podría haberlo hecho mejor ningún otro hombre?
—Se ha portado usted con gran delicadeza —dijo madame de Cintré.
