El Americano

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CAPÍTULO XVII

Newman era aficionado a la música y a menudo iba a la ópera. Un par de tardes después del baile de madame de Bellegarde estaba sentado escuchando Don Giovanni, obra ésta que nunca había visto representada y en cuyo honor había venido a ocupar su butaca de platea antes de la subida del telón. Con frecuencia reservaba un palco amplio e invitaba a un grupo de compatriotas; era un tipo de pasatiempo al que era muy adicto. Le gustaba organizar grupos de amigos y dirigirlos rumbo al teatro, y llevarlos a montar en carruajes altos o a cenar en remotos restaurantes. Le gustaba hacer cosas que implicasen pagar por la gente; la vulgar verdad es que disfrutaba «invitándolos». Esto no se debía a que estuviese lo que se dice envanecido por la opulencia; manejar dinero en público le resultaba, por el contrario, absolutamente antipático; tenía una especie de modestia personal al respecto, semejante a lo que habría sentido aseándose delante de espectadores. Pero de la misma manera que le resultaba grato ir primorosamente vestido, le suponía una íntima satisfacción (la disfrutaba muy clandestinamente) mediar, en términos pecuniarios, en un plan de placer. Poner en marcha a un grupo amplio de personas y transportarlas lejos, hacerse con vehículos especiales, fletar vagones de tren y barcos de vapor, todo eso armonizaba con su disfrute de las iniciativas audaces y hacía que la hospitalidad pareciese más activa y viniese más al caso. Unas cuantas tardes antes de la ocasión de la que hablo, había invitado a varias damas y caballeros a la ópera a escuchar a madame Alboni; un grupo que incluía a la señorita Dora Finch. Ocurrió, sin embargo, que la señorita Dora Finch, sentada cerca de Newman en el palco, había disertado con brillantez no sólo durante los entreactos sino también durante muchas de las mejores partes de la representación, de manera que Newman había salido con la irritante sensación de que madame Alboni tenía una vocecita chillona y que su fraseo musical estaba muy aderezado con risitas de tipo nervioso. Tras esto, se prometió a sí mismo que durante un tiempo iría solo a la ópera.


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