El Banco de la desolación
El Banco de la desolación En consecuencia, no es falso decir que alcanzó su meta sintiéndose algo eufórico, y de nuevo se quedó allí, de pie, con cierta seguridad. La criatura bajo tierra conocía su rara experiencia, de modo que, extrañamente ahora, el lugar perdió para él su mera vacuidad de expresión. Lo recibía con benevolencia, no con burla como antes; lo recibía con esa bienvenida calurosa que encontramos, después de la ausencia, en las cosas que nos han pertenecido y que parecen confesar así esa relación tan íntima. La parcela de tierra, la lápida esculpida, las flores cuidadas, le conmovían como si le pertenecieran, de manera que se sentía en aquel instante como un terrateniente satisfecho pasando revista a una propiedad.