El Banco de la desolación
El Banco de la desolación Casi no se puede pensar leyendo a James, y si queremos hacerlo, debemos dejar la lectura, reconstruir la acción de lo leído y atender a las reflexiones que esta misma acción despiertan en el autor y en sus personajes. En sus novelas, James piensa por nosotros; no da lugar a nuestra propia reflexión, a que hagamos nuestra síntesis de lo que acontece, puesto que en su narración describe y analiza las razones, las posibilidades de elección, las consecuencias de la decisión de sus personajes y los efectos que estas decisiones ejercen en sus conciencias; y con la persuasión de un mago, nos compromete moralmente en una situación paradójica donde todo parece que sea posible y donde todo, finalmente; lo es.
Henry James describe pormenorizadamente una situación humana socialmente convencional y local —a pesar de su pretendido cosmopolitismo—; una situación que implica moralmente a todos los personajes y cuya descripción no omite ninguna de las consideraciones que esta situación despierta en ellos y tampoco ninguna de las que despierta en el propio autor; y nosotros, los lectores, asistimos perplejos y fascinados al devenir y al desenlace de una acción que pasa, casi exclusivamente en las mentes de todos los participantes: de los personajes, del autor y de los lectores.