La Copa Dorada
La Copa Dorada —Bueno, pues trátese de quien se trate, si sabe que el objeto tiene una tara, quizá intente descubrir en qué consiste. Pero no lo logrará.
Charlotte miró fijamente al vendedor, como si, a pesar de sentirse insatisfecha y desorientada, siguiera prendada de aquel objeto.
Dijo:
—¿No lo logrará ni siquiera en el caso de que el objeto se rompa y quede hecho añicos?
Al advertir que el dueño de la tienda guardaba silencio, Charlotte insistió:
—¿Ni siquiera en el caso de que el hombre a quien regale esto me diga, «La copa dorada se ha roto»?
El dueño de la tienda siguió guardando silencio. Por fin dijo:
—¡Bueno, si alguien se propone romperla…!
Charlotte se echó a reÃr, admirando casi la expresión de la cara del hombrecillo, y dijo:
—¿Quiere decir que hay que golpearla con un martillo?
—SÃ, siempre y cuando otro objeto parecido no resulte eficaz al efecto. También se puede conseguir arrojándola con fuerza contra una superficie de mármol, por ejemplo.
—¡Oh, los suelos de mármol…!