La Copa Dorada
La Copa Dorada Charlotte aceptó estas palabras sin contradecirlas, pero motivaron que pronunciara las únicas palabras que hubiera debido pronunciar aquella mañana y que acudieron a sus labios como impulsadas por un resorte:
—¿Para que usted se sienta más tranquilo?
Con maravillosa franqueza, el PrÃncipe repuso:
—SÃ, me sentiré más tranquilo.
Y añadió:
—Ahà tiene usted el coche de alquiler.
El PrÃncipe habÃa hecho una seña, y el coche se dirigÃa hacia ellos. Ella no le ofreció la mano en gesto de despedida, pero se dispuso a subir al coche. Sin embargo, antes de hacerlo, dijo las palabras que habÃa pensado mientras esperaba:
—Bien, creo que me casaré con el fin de tener algo de usted con toda libertad.