La Copa Dorada
La Copa Dorada Hablar de este asunto de esta manera produjo al fin una sensación de alivio al señor Verver.
—SÃ, vendrán otras, pero tú me sacarás del atolladero.
Maggie dudó:
—¿Quieres decir que te sacaré del atolladero en caso de que tú cedas?
—¡Oh, no! Quiero decir que me ayudarás a salir del trance sin ceder.
Maggie volvió a guardar silencio durante un rato. Cuando habló, hubo en sus palabras cierta brusquedad:
—¿Y por qué has de resistirte siempre?