La Copa Dorada
La Copa Dorada Ciertamente se podrÃa calificar de interés aquello con lo que el señor Verver habÃa conseguido iluminar la cara de Charlotte, que resaltaba todavÃa más la honradez de la joven, pues tal interés se centraba ahora en enterarse de los distintos pasos por los que el señor Verver habÃa llegado a convencerse. Charlotte preguntó:
—Si usted se ha sentido atraÃdo por una persona como yo, ¿no revela eso que realmente se sentÃa abandonado?
—Bueno, estoy dispuesto a reconocerlo si al mismo tiempo se acepta que me siento consolado.
Charlotte preguntó:
—Pero ¿realmente se ha sentido as�
Él vaciló:
—¿Consolado?
—No, abandonado.
—No, no me he sentido abandonado. Pero eso es lo que Maggie piensa.
Con estas palabras vino a decir que bastaba con que Maggie tuviera ese pensamiento. Sin embargo, esta explicación de sus motivos le pareció en el mismo instante quizá un tanto débil, por lo que decidió matizarla un poco:
—Y caso de que esto sea lo que yo pienso, resulta que me gusta el resultado final de mi pensamiento.