La Copa Dorada
La Copa Dorada Después de decir estas palabras, la señora Assingham observó:
—Y no es, ciertamente, su suegra. En estas materias un leve matiz representa una diferencia enorme. No está en modo alguno emparentada con usted, y si Charlotte llega a ser conocida en las más altas esferas, debido a que va con usted…, entonces… entonces…
Tan intensa era la emoción que sentÃa que se le cortó el habla. El PrÃncipe con su buen humor preguntó:
—Entonces, ¿qué?
—Pues ¡que más valdrÃa que no la conocieran!
Con acento todavÃa divertido, el joven PrÃncipe observó:
—Le aseguro que ni siquiera he mencionado su nombre. ¿Imagina usted que les he preguntado si querÃan conocerla? No creo preciso demostrarle que Charlotte habla con su sola presencia, sobre todo en ocasiones como la presente y con el aspecto que esta noche tiene. ¿Cómo es posible que pase inadvertida? ¿Cómo es posible que no tenga «éxito»?
Mientras Fanny Assingham observaba el rostro del PrÃncipe dejándole decir lo que quisiera, como si intentara ver cómo lo dirÃa, añadió: