La Copa Dorada
La Copa Dorada —Además, jamás debemos olvidar un hecho: Charlotte y yo tenemos los mismos vÃnculos. Es decir, habida cuenta de nuestros respectivos sposi, socialmente hablando no cabe decir que Charlotte y yo sólo seamos conocidos. Los dos viajamos en el mismo buque.
Dichas estas palabras, sonrió con un candor que matizó su énfasis. Fanny Assingham se sintió dominada por el talante especial del PrÃncipe, lo que la obligó a refugiarse por unos instantes en un rincón de su conciencia, en el que podÃa decirse a sà misma que se alegraba de no estar enamorada de semejante hombre. Al igual que le habÃa ocurrido con Charlotte momentos antes, Fanny Assingham se sentÃa cohibida por la diferencia que mediaba entre lo que tenÃa que escuchar y lo que ella podÃa decir, entre lo que realmente sentÃa y lo que podÃa mencionar. Entonces dijo:
—Únicamente diré que me parece de gran importancia, ahora que están ustedes arraigados aquÃ, que Charlotte sea conocida en las presentaciones y en las recepciones sucesivas, de una manera concreta, como la esposa de su marido, y de ninguna manera ni, en el menor grado siquiera, por cualquier otra circunstancia. Por otra parte, ignoro lo que usted ha querido decir con lo del «mismo buque». Charlotte desde luego, se encuentra a bordo del buque del señor Verver.