La Copa Dorada
La Copa Dorada —¿Y acaso no estoy yo también en el buque del señor Verver? Si no hubiera sido por el buque del señor Verver, ahora yo me encontrarÃa…
El PrÃncipe interrumpió la frase para efectuar un rápido ademán con el que el dedo Ãndice, en expresivo movimiento y expresiva dirección; señaló las más hondas profundidades, tras lo cual continuó diciendo:
—Hundido, hundido, hundido.