La Copa Dorada
La Copa Dorada —Hay dos. Ya lo verás. Espero haber elegido la adecuada.
Sonriendo, Charlotte añadió:
—Y creo que me acuerdo de la tumba.
—¡Ah, la tumba!
Pero al PrÃncipe cualquier tumba le parecÃa bien. Dijo:
—Sin embargo, ahora pienso que después de haber estado preparando con tanto cuidado este proyecto, para proponértelo, resulta que tú lo has ejecutado sin que yo te haya dicho nada.
—Es posible que quisieras ofrecérmelo; ahora bien, ¿cómo te explicas que no hayas podido ocultármelo?
—No lo sé. ¿Y cómo me las arreglaré para ocultarte algo el dÃa que lo desee?
—Bueno, con referencia a las cosas que no quiera saber, te prometo que me portaré como una estúpida.
Cuando llegaron a la puerta, Charlotte se detuvo para decir:
—Durante estos dÃas, durante todo el dÃa de ayer, anoche, esta mañana, lo he deseado todo.
Bien, nada habÃa que objetar.
—Lo tendrás todo.