La Copa Dorada

La Copa Dorada

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo XXVIII

La nueva inquietud de Maggie bien hubiera podido desvanecerse con el paso del tiempo, habida cuenta de que ella no tuvo conciencia en el transcurso de los días siguientes de nuevos síntomas que sustentaran esa inquietud. Sin embargo, quedó impresionada, desde otro punto de vista, por un incremento de las manifestaciones de la diferencia cuya explicación le obsesionaba. Al cabo de una semana se había dado cuenta de que si había quedado afectada en cierta manera, no menos lo había quedado su padre porque el marido de Maggie y su propia esposa se cernían alrededor de ellos, de modo que de repente el grupo formado por los cuatro había comenzado una vida en común como jamás habían llevado, debido a esa misma razón casi cómica y en tanto las alegres apariencias durasen. Bien podía deberse a causas accidentales y a meras coincidencias, y al menos eso fue lo que Maggie se dijo al principio. Pero a la superficie habían aflorado abundantes oportunidades que aumentaban las apariencias del común vivir, agradables pretextos, ciertamente agradables, tan agradables como Americo podía conseguir que fueran, para llevar a efecto conjuntos empeños, para emprender aventuras compartidas, para que siempre resultara, de forma harto divertida, que los cuatro deseaban hacer lo mismo, al mismo tiempo y de la misma manera. Hasta cierto punto, parecía un tanto raro lo anterior, habida cuenta de que tan pocos eran los deseos que durante largo tiempo padre e hija habían manifestado. Sin embargo, parecía aceptablemente natural que Americo y Charlotte buscaran alivio si al fin se sentían un poco fatigados de su recíproca compañía, no descendiendo al bajo nivel de sus respectivos cónyuges, sino arrastrando a éstos a la clase de vida que ellos dos llevaban constantemente. Después de la cena celebrada en Eaton Square en honor de lady Castledean, Maggie se había dicho a sí misma: «Estamos en el tren, de repente nos hemos despertado en el tren y avanzamos a toda velocidad, igual que si nos hubieran metido en el vagón mientras dormíamos; como dos cajas selladas y marcadas». Y bien hubiera podido añadir: «Quería ponerme en marcha, ciertamente estoy en marcha, avanzo sin problemas, sí, porque estos dos lo hacen todo en nuestro beneficio, es maravilloso comprobar su comprensión, y lo bien que consiguen lo que se proponen». Sí, esto era lo que ante todo y sobre todo Maggie tenía que reconocer. Parecía tan fácil para los cuatro formar ahora un cuarteto como fácil había parecido antes y durante tan largo tiempo formar dos parejas, siendo, lo primero, un descubrimiento absurdamente tardío. El único punto en que el éxito parecía quedar un tanto en entredicho día tras día estaba representado por el irresistible impulso que Maggie sentía a agarrarse a su padre, cuando el tren daba una sacudida de vez en cuando. Entonces, y ello no podía negarse, la mirada del señor Verver y la de Maggie se encontraban, de manera que efectuaban un acto de positiva violencia contra los otros, contra aquel espíritu de unión o, por lo menos, contra el logro del cambio que la propia Maggie se había propuesto conseguir.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker